Núria Farré es una artista visual cuya práctica pictórica habita el espacio entre la emoción, la memoria y el proceso. En su exposición “Paisajes de un diario personal: Auca de supervivencia”, la artista convierte la pintura en un lenguaje íntimo, fragmentado y profundamente humano.
El término auca, heredado de la tradición popular catalana como formato narrativo visual, sirve aquí como punto de partida para reconstruir una historia de transformación personal. Farré descompone esta estructura para adaptarla al ritmo orgánico de la pintura: un lenguaje a la vez caótico y meticuloso, visceral y reflexivo, donde cada trazo se convierte en testimonio de un proceso vital.
La muestra es un diario visual de un año de cambios y reconstrucción, una cartografía emocional que recoge los golpes, las caídas y los renacimientos de la artista. Tras un periodo de crisis personal —cambio de casa, de vida y de rumbo—, Farré convierte el acto de pintar en una forma de supervivencia emocional.
Sus obras no buscan respuestas ni finales felices: son fragmentos de vida en estado crudo, que traducen la experiencia humana en color, textura y gesto. Cada lienzo funciona como un espejo: lo que el espectador ve no es solo la historia de la artista, sino también su propia vulnerabilidad reflejada.
Cinco aprendizajes clave
- Pintar también es sobrevivir. El arte puede ser una herramienta de reconstrucción emocional, un modo de sostenerse cuando todo se desmorona.
- La vulnerabilidad es fuerza. Aceptar la fragilidad, pedir ayuda y reconocerse interdependiente son actos de resistencia y madurez.
- El proceso es la obra. La pintura no es un resultado, sino un camino: observar, sentir, transformar.
- Caer no es fracasar. La resiliencia no consiste en no caer, sino en aprender a calibrar el impacto y levantarse con nuevas perspectivas.
- La experiencia de vivir es colectiva. Aunque el dolor parezca individual, compartirlo lo transforma: la supervivencia siempre se teje en comunidad.
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